19.05.02 Pick, Her Father's Daughter

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Miguel García-Fernández

The Medieval Review 19.05.02

Pick, Lucy K. Her Father's Daughter: Gender, Power, and Religion in the Early Spanish Kingdoms. Ithaca NY: Cornell University Press, 2017. pp. 274. ISBN: 978-1-5017-1432-0 (hardback).

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Miguel García Fernández
Centro Ramón Piñeiro para a Investigación en Humanidades Universidade de Santiago de Compostela
myguel.garcia.fernandez@gmail.com

Las mujeres de la realeza se han convertido en protagonistas de un importante número de publicaciones en los últimos años. Ciertamente, la monarquía siempre ha sido objeto de atención privilegiado por parte de los investigadores. En ello tiene una evidente significación el hecho de disponer de un considerable volumen y heterogeneidad de fuentes en torno al poder regio. Esto, unido al pleno desarrollo y consolidación de la historia de las mujeres--a pesar de que aún tiene muchos retos que afrontar de cara a su "normalización" dentro del panorama investigador y divulgativo--ha facilitado un notable incremento de la producción historiográfica sobre las reinas titulares, las reinas consortes u otras mujeres vinculadas a las cortes regias medievales, especialmente en relación con los estudios sobre la reginalidad--queenship. Este panorama general es aplicable al estudio de las monarquías ibéricas. En este sentido, la obra de Lucy Pick se une, y lo hace con la firmeza de un trabajo bien construido y sumamente sólido en cuanto a las fuentes y métodos utilizados, a los trabajos analíticos de otras investigadoras sobre la realeza femenina peninsular como Theresa Earenfight o Nuria Silleras sobre las reinas de la Corona de Aragón; los de Diana Pelaz sobre las consortes de la Corona de Castilla, bajo la estela de M.a Isabel del Val; los de Elena Woodacre sobre las reinas de Navarra; o los de Manuela Santos Silva y Ana Maria S. A. Rodrigues sobre las mujeres de la monarquía portuguesa, por citar solo algunos ejemplos. A ellos habría que sumar muchos otros, especialmente los derivados de la renovación experimentada por los estudios biográficos de reinas como Urraca--M.a Carmen Pallares y Ermelindo Portela, o recientemente Ángel G. Gordo y Diego Melo--Berenguela--Miriam Shadis o Janna Bianchini--Catalina de Lancaster--Ana Echevarría--o Violante de Aragón--M.a Jesús Fuente.

Estos rápidos apuntes sobre el panorama historiográfico sirven para situar el trabajo de Lucy K. Pick dentro de esta floreciente tradición investigadora pero, sobre todo, para reivindicar que, lejos de ser uno más, Her Father's Daughteres una contribución de gran madurez, sumamente enriquecedora y, en buena medida, innovadora. Estamos ante un trabajo que estimula la formulación de preguntas, que detecta estructuras y procesos en torno al poder regio y la participación de las mujeres en el mismo y que, al final, acaba abriendo caminos, convirtiéndose en un punto de partida para nuevos trabajos. Estableciendo un diálogo sumamente fluido con las fuentes medievales--que la autora demuestra conocer muy bien y que abarcan desde documentos de aplicación del derecho hasta crónicas, textos litúrgicos y hagiográficos e incluso objetos artísticos y arquitecturas--con los investigadores que ya las habían analizado con anterioridad y con otros autores que estimulan sus preguntas sobre el pasado medieval desde un aporte más teórico, uno de los muchos logros de este trabajo, y posiblemente su mayor innovación, es que las protagonistas de la obra no son las reinas titulares ni las reinas consortes--aquellas mujeres de la realeza que suelen protagonizar un mayor número de estudios--sino las reginae y dominaeque lo fueron en su condición de hijas--y hermanas--de reyes. Aunque muchas de estas mujeres ya habían despertado el interés de la historiografía anterior--sobre todo en relación con el estudio del Infantazgo de la mano de autores como Patrick Henriet, Therese Martin o Carlos Reglero de la Fuente, la contribución de Lucy K. Pick se convierte en uno de los más lúcidos y sugerentes trabajo existentes a día de hoy sobre las mujeres de la realeza altomedieval ibérica al ofrecer un primer estudio global sobre unas hijas de reyes que estuvieron lejos de responder al modelo de mujeres convertidas en meras piezas de intercambio político a través de una política matrimonial de carácter centrífuga. Al contrario, a partir de un análisis de fuentes minucioso, sugerente y nunca corto de miras, la obra demuestra la relevancia de estas mujeres dentro del reino y la apuesta por un modelo que cortó la posible descendencia de las infantas al evitar sus matrimonios, en lo que no deja de ser un claro reconocimiento del papel de las mismas como transmisoras de la legitimidad dinástica.

Es pertinente advertir que la referencia a los "Early Spanish Kingdoms" del título resulta un tanto amplia cuando la obra se centra, casi en exclusiva, en la monarquía cristiana que reinó en los territorios del Noroeste peninsular. De hecho, otras áreas ibéricas--como la navarra, la aragonesa o la catalana y, por supuesto, las situadas bajo dominio musulmán--apenas aparecen en ocasiones puntuales destinadas a hacer uso del siempre ilustrativo análisis comparativo, el cual se amplía a veces a otras áreas europeas que, como se propone al final del trabajo, necesitan ser revisadas desde nuevos planteamientos para repensar verdaderamente el papel de las hijas--y en general de las mujeres--dentro de las familias reales--y también nobiliarias--europeas.

Siguiendo la estructura de la obra, después del correspondiente índice de contenidos (VII), el listado de figuras--entre las que se incluyen mapas, genealogías y fotografías que enriquecen el texto--(IX), los agradecimientos (XI-XII) y una relación de las abreviaturas utilizadas (XIII), la autora ofrece una introducción (1-20) en la que se presentan los objetivos del trabajo y algunos aspectos clave presentes a lo largo de toda la investigación. Entre ellos conviene destacar la importancia metodológica de un análisis detenido de los documentos--que en muchas ocasiones se aborda con suma minuciosidad y estableciendo comparaciones e intertextualidades--la necesidad de una redefinición y relectura de las estructuras de poder atendiendo al papel desempeñado por las mujeres, la consideración del poder regio más allá del ejercido por el monarca titular para abarcar el de los distintos miembros de la familia real y, sobre todo, el de esas hijas de los reyes del Noroeste peninsular que recibieron importantes propiedades y una destacada significación de carácter sacro que las dotó de una notable significación y utilidad en la construcción y funcionamiento de las redes de poder establecidas por la familia real con su reino--con el territorio, con las instituciones, especialmente las religiosas, y con jerarquía social--sin olvidar su papel clave dentro de la familia, sobre todo en lo relativo a la conservación de la memoria de los antepasados.

En el primero capítulo (21-61) se ofrece una interesante reflexión sobre la herencia visigoda en el sistema sucesorio de la monarquía del Noroeste peninsular después de la conquista musulmana. Por un lado, se descarta una influencia directa al advertir notables diferencias en la sucesión y en la propia consideración del poder regio y la familia del rey en un sistema monárquico y en otro. De todos modos, se reivindica la importancia que tuvo para las mujeres el principio de transmisión de la herencia familiar que las igualaba a sus hermanos varones (32-33), lo que les permitió disponer de sólidas bases materiales a lo largo de la Edad Media. Por otro lado, se recupera y reflexiona sobre el tema de la matrilinealidad y sus huellas en la estructura familiar del Norte peninsular (37-44), lo cual otorgaría una gran importancia a las mujeres dentro de la familia, generando especialmente un estrecho vínculo entre tío y sobrino, de forma que "the king's daughter had a central role in the royal succession" (21, y desarrollando este aspecto, 44-59). Todo ello explicaría en buena medida el deseo de que las hijas del rey permaneciesen en soltería durante los siglos X y XI, evitándose de esa forma la aparición de potenciales rivales al trono para los hijos varones del monarca reinante. Sin embargo, lejos de apartar a las hijas del poder regio, se les otorgó un papel de gran significación, en el que fue clave su conversión en mujeres consagradas a Dios que ejercieron como dominae de numerosas instituciones religiosas y que señorearon extensas propiedades, además de tener un protagonismo fundamental en la construcción y perpetuación de la memoria familiar, sin olvidar su relevancia política como regentes o junto a sus hermanos reinantes.

El segundo capítulo (62-103) ahonda en el valor y significación--"the spiritual capital" (62)--que adquirieron las hijas de los monarcas en su condición de vírgenes consagradas a Dios y en él se exploran los modelos de virginidad y martirio religioso--tanto femeninos como masculinos, caso de Pelayo--que reforzarían su estatus. La autora se adentra en el complejo universo de lo mental y lo religioso, así como en la circulación de modelos de comportamiento y devoción, en los que la hagiografía desempeñó un papel fundamental. Además, insiste en que estas infantas no fueron monjas o abadesas que ingresaron en monasterios, sino mujeres religiosas, deo devotae, que contaban con un "flexible consecrated status" (68) y que en su condición de dominae de "multiple communities, both male and female, under their lordship" (70) ejercieron un notable poder e influencia.

El tercer capítulo (104-168) constituye un magnífico observatorio sobre la relevancia adquirida por las hijas y hermanas de los monarcas al convertirse no solo en parte integrante sino también en motor de unas amplias y complejas redes de intercambio donde la propiedad y las relaciones de poder fueron fundamentales, como también lo fueron el patronazgo, la piedad y la influencia. A través de documentos de aplicación del derecho, Lucy K. Pick lleva a cabo un magnífico análisis subrayando el valor "performativo" de unos actos jurídicos en los que las hijas del rey ocuparon una destacada posición de poder y preeminencia social. Sin duda, es un buen ejemplo de la importancia del análisis de las redes sociales--insistiendo siempre en su dinamismo cambiante--para conocer el funcionamiento de una sociedad medieval en la que las "powerful women's relationships with each other changed history" (104). Además, profundiza en la cuestión del Infantazgo que, por su complejidad, sigue necesitando de un estudio monográfico. Aún así, las aportaciones de la autora sobre la cuestión--especialmente en relación con las infantas Urraca y Elvira--presentan un notable interés, evidenciando la importancia de su existencia a la hora de explicar el activo papel de las hijas y hermanas de los monarcas en las redes de propiedad y poder que centran el capítulo. Por otra parte, la autora destaca que "no one of these women in particular was exceptional and that the position they occupied and the roles they played were accepted parts of the monarchical system of their day" (107). Con ello se rechaza la idea de la "excepcionalidad" con la que muchas veces se caracterizan--y en cierto modo relativizan o "desprecian"--los estudios de caso femeninos y se insiste en que, más allá de las diferencias de género, la sociedad medieval aceptó y reconoció el destacado papel jugado por numerosas mujeres.

En el cuarto capítulo (169-226) se aborda un aspecto de gran relevancia, aunque de notable complejidad: el papel de las mujeres como guardianas y promotoras de la memoria familiar. Al mismo tiempo se estudia la significación de las donaciones, intercambios y fundaciones de monasterios en su dimensión material y religiosa, partiendo del principio de que "royal daughters stood at the nexus of memory, gift, and death" (175). La autora se detiene en analizar algunos de los bienes donados por estas mujeres como "artifacts of memory", caso de objetos suntuarios y telas--algunos conservados en la actualidad y analizados con cierto detenimiento en la obra--siendo destacados en buena medida los destinados a instituciones a las que se encontraban ligadas por su condición de dominae pero también por ser el lugar de reposo de sus antepasados, en una clara vinculación entre las hijas de reyes y la conservación de la memoria regia. También destaca el estudio del cáliz de la infanta doña Urraca, rechazando algunas interpretaciones recientes. En la parte final del capítulo, se tienen en cuenta varios manuscritos vinculados y patrocinados por estas mujeres, especialmente por doña Sancha, quien, aunque se convirtió en la mujer de Fernando I, posiblemente habría estado destinada inicialmente a ser otra hija de rey consagrada a Dios--así lo propone la autora--como lo fueron buena parte de las mujeres de su familia (77-78).

A modo de conclusión y epílogo (227-246), Lucy K. Pick pone de manifiesto los cambios experimentados a partir del reinado de Alfonso VI en lo concerniente a la política matrimonial regia –tanto la que afectó al monarca como a sus hijas--y se preocupa por ofrecer algunos ejemplos de mujeres de otras monarquías europeas, así como de la realeza castellano-leonesa pero de una cronología más tardía, con el objetivo de reivindicar la necesidad de seguir estudiando el papel y protagonismo desempeñado por las hijas de los monarcas europeos. Queda claro, pues, que este trabajo abre las puertas para una profunda relectura sobre la contribución de las mujeres de la realeza--y ya no solo las consortes o las reinas titulares--en la conformación y dinámicas de poder de las monarquías medievales.

La obra se acerca a su fin con una relación de la bibliografía utilizada (247-266). La solidez de la elección resulta evidente, aunque se echan en falta algunos trabajos, especialmente en lengua castellana. Entre ellos se podría señalar algún otro título de A. Isla Frez--más allá de los dos utilizados--o trabajos como los de M.a C. Pallares Méndez sobre las mujeres de la Galicia del siglo X, que habrían enriquecido algunas partes de la obra como la dedicada a la abadesa Guntroda Gutiérrez (126-142). Finalmente, se incorpora un siempre útil índice toponímico, antroponímico y de materias (267-274).

Está claro que esta obra está llamada a tener una notable influencia dentro de los estudios sobre la realeza femenina de la Edad Media peninsular y europea. Con ella se ofrece un análisis de gran relevancia para conocer el papel de las infantas altomedievales en la Península Ibérica y cómo ejercieron un poder que, como indica la autora, derivó en buena medida de "an intersection of several cultural and social norms, including royal succession practices, inheritance customs, their practice of consecrated virginity or celibacy, and the way the latter gave them a kind of sacred charism" (104).

El libro abre la puerta hacia un fructífero campo de investigación a la vez que se convierte en un trabajo de referencia obligada para cualquier medievalista (hispanista o no) que centre sus esfuerzos en conocer la participación femenina en las estructuras de poder medievales y, de forma más específica, en el poder regio. Por ello, no creo arriesgado afirmar que la obra de Lucy K. Pick se ha convertido desde ya en una lectura básica para cualquier investigador o investigadora que desee acercarse a la historia medieval en general. Logra, por tanto, ser referente en su tema y, como tal, bien merece no solo una lectura puntual sino convertirse en cita obligada y punto de partida para nuevos estudios.

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